LA VIDA CONSAGRADA

VIDA CONSAGRADA
El estado de Vida consagrada por la profesión de los consejos evangélicos en la Iglesia Católica está formado por los Institutos de vida consagrada (Institutos religiosos e Institutos seculares) y las Sociedades de Vida Apostólica. Los Institutos de vida consagrada son sociedades eclesiásticas erigidas, aprobadas y competentemente organizadas por la Iglesia a través de una adecuada legislación general y particular (573-746 del Código de Derecho Canónico de 1983), y supervisadas por la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica. Pertenecen a ellos hombres y mujeres que añaden a los preceptos comunes para todos los fieles, los tres consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia, por medio los votos perpetuos o temporales.
HISTORIA
Cronológicamente, el origen de los Institutos de vida consagrada fueron los Canónigos Regulares. San Agustín, en el Siglo IV, fue el precursor de este tipo de vida. Los Monjes desarrollaron el Monacato desde el Siglo IV hasta nuestros días. En la actualidad, se reduce a 5 tipos, 2 occidentales (benedictino y cartujo), y 3 orientales (paulino, antoniano y basiliano). Mantienen una autonomía de poderes importante por parte de sus superiores, los Abades (Abadías), y Priores (Prioratos). Las Órdenes mendicantes se unieron a los monjes, a partir del Siglo XIII, para desarrollar un modelo de vida consagrada en el que destacaba el carácter de pobreza, tanto individual como colectivo de la Orden. Aportaron la organización de los institutos por provincias, y su organización bajo un Superior con plenos poderes. Su modelo fue seguido por el resto de Órdenes, aunque con menos severidad en el concepto de pobreza. Ya en el Siglo XVI, aparecen las Congregaciones religiosas clericales, asociaciones de clérigos y laicos que viven en comunidad y, sin querer llegar a ser verdaderas Órdenes religiosas, se dedican a la propia perfección, al apostolado o a obras de caridad.
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